El año del Tigre

La naturaleza siempre está ahí para nosotros, dispuesta a que tomemos lo que necesitemos. A veces, por no decir siempre, somos irresponsables con lo que tomamos. Es bien sabido que el ser humano ha ocasionado daños irreparables al medio ambiente, desde el agujero en la capa de ozono hasta la pérdida irreparable de miles de especies.

En ese camino estamos una vez más, en esta ocasión arriesgando la existencia de una de las especies más apreciadas por todos: El tigre. Representado en decenas de dibujos animados, este temido felino es símbolo de fiereza y poder. Lo que para el hombre significa, por supuesto, que tiene que domarlo. Esta retorcida mentalidad es la que ha traído como consecuencia que el tigre de bengala, ese naranja con rayas negras, sea un animal en peligro de extinción. Pero no solamente eso, sino que ya hay más tigres viviendo en cautiverio que libres en su hábitat natural. Actualmente solo quedan alrededor de 3900 en estado salvaje, repartidos por todo el mundo. Y solo en Estados Unidos, se calcula que haya más de 7000 ejemplares viviendo como mascotas. Ojo, esto no incluye la población felina de circos ni zoológicos; si lo hiciera la cifra sería mucho más alarmante de lo que ya es.

Las personas que adquieren tigres para mantenerlos de mascotas casi siempre tienen un alto poder económico y son un poco excéntricos, ya que necesitan grandes espacios para que el animal viva. Pero la mayoría de las veces son adquiridos desde cachorros para poder domesticarlos, lo que hace que sus dueños no se den cuenta de las necesidades que esta bestia tendrá cuando alcance la edad adulta, pensando que siempre será como un gato grande. Esto causa que muchas veces sean sacrificados y vendidos en el mercado negro.

Muchas organizaciones mundiales están en contra de este maltrato animal, y se han propuesto incrementar la población mundial de tigres para el año 2020.

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